domingo, 22 de febrero de 2015

Juguetes inteligentes que usan la tecnología de IBM
El nuevo juguete de CogniToys es un dinosaurio verde conectado a Internet que es capaz de hablar y entender lo que se le dice . Es el primero de una nueva generación de juguetes inteligentes que pueden responder a los niños de acuerdo a su edad con contenidos apropiados para ellos, basados en el IBM´s Cognitive Computing Engine, el cual es una versión de lo que fuera el proyecto Watson.

Cuando CogniToys lanzó su campaña de KickStarter la semana pasada, alcanzó su meta de 50 mil dólares en tan solo 24 horas y atrajo a unos 1000 personas que consideraron interesante apoyar este esfuerzo en menos de 3 días. Ahora se introducen nuevas recompensas y metas para el desarrollo de estos juguetes inteligentes, los cuales están diseñados para involucrarse interactivamente y crecer con los niños.
Sin duda, la idea de conectar a Internet vía inalámbrica un juguete y hacer uso de la información de la manera en que proponen CogniToys es un avance muy interesante para el futuro. Un juguete de esta naturaleza efectivamente puede ir creciendo en la medida que el niño lo hace.

Ya hace tiempo Microsoft sacó un dinosaurio morado, Barney, pero por alguna razón se extinguió. En este caso, CogniToys podría ser quien reviviera a estos animales desaparecidos usando técnicas cada vez más poderosas y modernas.
cognitoys00
III Feria de la Informática y Nuevas Tecnologías
“No hace falta irse a Stanford o al MIT para crear e innovar. En España somos tan buenos o más y lo vamos a demostrar”. Bajo ese espíritu, entre los días 10 y 13 de febrero cientos de personas se darán cita en la III Feria de la Informática y Nuevas Tecnologías (T3chFest), que tendrá lugar en los campus de Leganés y Colmenarejo de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

T3chFest es un evento organizado por alumnos y antiguos alumnos de la UC3M, que cuenta con el apoyo de la Escuela Politécnica Superior y el Departamento de Informática de la UC3M, donde estudiantes, investigadores, empresas emergentes y especialistas en nuevas tecnologías se dan cita para divulgar los últimos avances en Informática. En total se celebran 31 charlas y 7 talleres que se concentran durante los días 12 y 13 de febrero.

Habrá otras actividades divulgativas que dan valor añadido al evento, como el ya consolidado concurso de programación, que permitirá a los participantes poner a prueba su ingenio; o el segundo Hackathon, un concurso de desarrollo de aplicaciones que tendrá lugar el 11 de febrero. “En estas actividades se busca que los participantes demuestren sus habilidades y capacidades creativas”, comentan los organizadores, que adelantan que entre los premios a los ganadores cuentan con algunas de las últimas novedades tecnológicas, como las gafas Occulus Rift DK2, la pulsera de actividad Fitbit Charge y el smartphone OnePlus One.

La novedad principal este año es la jornada para centros de secundaria, que este año se celebra en un campus más que el año pasado. Para los jóvenes con vocación de trabajar en la industria de la informática, se celebrarán actividades el 10 y 11 de febrero en los campus de Colmenarejo y Leganés.


Desde la organización del evento destacan que en esta tercera edición “hay mayor variedad de temáticas como biogeniería, salud o wearables (ropa tecnológica)”, una pluralidad que es producto del “avance y el esfuerzo” y que da como resultado que este T3chFest haya despertado el interés de más de 600 personas de toda España.

domingo, 1 de febrero de 2015

Elabora Cinvestav 'Atlas de la Ciencia Mexicana' a partir de fuentes históricas

México, D.F. México cuenta con poco más de 21 mil científicos en activo; sin embargo, se desconoce la cifra y localización precisa de los que laboran en el extranjero, por lo que se elabora el Atlas de la Ciencia Mexicana.

En un comunicado, Miguel Ángel Pérez Angón, del Departamento de Física del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), expuso que el objetivo de esta nueva edición del Atlas, actualizada hasta 2014 y que estará disponible para consulta a finales de marzo próximo, es subsanar estos vacíos informativos.

En este registro se documentan claras tendencias, como la escasa contribución que realizan a la ciencia nacional -por el número de investigaciones- entidades federativas con una aportación importante a la economía del país, como los estados de México, Sinaloa y Nuevo León.

Señaló que el Atlas de la Ciencia Mexicana está elaborado a partir de fuentes históricas, registros estadísticos e indicadores mundiales sobre producción científica, como Thomson Reuters y Web of Science, y también se documenta una tendencia gradual hacia la descentralización de la ciencia nacional.

Mientras en la década pasada 50 por ciento de la investigación científica se concentraba en instituciones de la capital del país, a la fecha la cifra se ha reducido a poco más de 30 por ciento.

"Todas las áreas de investigación se están consolidando. Las ciencias duras e ingenierías, en particular la física y las que estudian a la Tierra son las más desconcentradas", explicó Pérez Angón.

En contraparte, precisó el académico del Cinvestav, las áreas donde se observa una menor tendencia a la desconcentración son medicina, ciencias sociales y humanidades.

El experto en partículas y campos agregó que otra tendencia observada al analizar los datos del Atlas es la baja en el incremento de la planta de investigadores, que tuvo auge sobre todo en la segunda mitad del siglo XX

Mientras en la década de los 90 la planta académica crecía a un ritmo de 10 por ciento anual, a partir de 2000 el aumento se desaceleró hasta menos de cinco por ciento, explicó Pérez Angón.

La nueva edición del Atlas agrupa a los científicos nacionales en 10 áreas de conocimiento, organizados en indicadores globales que abarcan de 1900 hasta 2013.

El registro no sólo da cuenta de los nombres y adscripciones de cada uno de ellos, sino también datos sobre su formación y productividad, medida en el número de publicaciones y citas en revistas internacionales arbitradas.

"Incluimos toda la producción científica y sus repercusiones, el número de artículos publicados por cada uno de ellos, así como los lugares donde son citados", dijo.

Esto convierte al Atlas en un referente no sólo para los propios investigadores, sino para la definición de políticas públicas en ciencia y tecnología por parte de las autoridades.


Los datos contenidos en el Atlas, el cual podrá consultarse en este enlace, también ayudarán a entender los principales problemas asociados con la ciencia y la tecnología en México y a esclarecer cómo se da el "flujo" de cerebros.
Ciencia y tecnología para descifrar la historia
La I Guerra Mundial y sus consecuencias nos enseñan que para comprender el mundo pasado y presente no basta con ser meros usuarios de productos porque eso representa una extraordanaria limitación. Uno de los hitos culturales del año que acaba de dejarnos fue la celebración del centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). No fueron pocos los libros y artículos dedicados a analizar los orígenes, desarrollo y consecuencias de aquella terrible contienda. Al repasar mentalmente esos escritos, aquellos, al menos, de los que supe, observo que por encima de sus muy diferentes enfoques y contenidos, algo los unía: poco o nada se decía en la inmensa mayoría de ellos acerca de la ciencia, y eso que sin ella es difícil comprender aquella guerra. Por supuesto, no nos debemos extrañar: por mucho que se diga, independientemente de que ya sea casi un lugar común reconocer el notable papel que la ciencia y su hermana, la tecnología, han desempeñado y desempeñan en la historia de la humanidad, cuando se trata de “la cultura” y de celebraciones culturales, la ciencia o no aparece o es algo así como un comparsa secundario u ocasional. Parece como si aún viviéramos en los tiempos en los que se aceptaba la idea de historia que se resumía en una frase que unos atribuyen a Herbert Baxter Adams (1850-1901) y otros a sir John Seeley (1834-1895), Regius professor de Historia en Cambridge: “la historia es la política del pasado y la política es la historia del presente”. Frente a semejante aseveración, hay que insistir que el gran motor de los cambios que se han producido a lo largo de la historia de la humanidad se halla en los desarrollos científico-tecnológicos.


Esto no implica, evidentemente, que los individuos —los grandes, los Julios César, Mahomas, Cristóbal Colones, Napoleones, Hitleres y demás, pero también los más menesterosos y aparentemente, sólo aparentemente, pasivos sujetos del devenir histórico, como el molinero que revivió Carlo Ginzburg en su memorable El queso y los gusanos (1976)— no deban ocupar un lugar central: al fin y al cabo, todo lo que hacemos, lo hacemos nosotros, las personas; no somos víctimas de fuerzas impersonales que atenazan nuestros destinos. Ahora bien, limitarse a semejante base contextual constituye una miopía, fruto de la ignorancia.